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Diputación y territorio

Historia de la Diputació de Lleida

La aparición de las diputaciones tiene su origen en la Constitución de Cádiz de 1812, que en su título sexto trataba del Gobierno interior de los pueblos y de las provincias. En este texto se establecía un esbozo de división territorial de la monarquía española en municipios y provincias —similar al modelo centralista francés— para organizar la prestación de servicios del Estado, en sustitución de las Juntas Territoriales surgidas de la revolución napoleónica. Entre otras diputaciones, la Constitución de Cádiz creó la Diputación Provincial de Cataluña el año 1812 y las de Valencia y Mallorca el año 1813. Sus miembros eran de elección popular y en número proporcional a los habitantes de cada provincia. Sus funciones eran administrar el territorio como órgano superior a los ayuntamientos y velar por sus intereses. Con el retorno al poder de Fernando VII en 1813 se restableció el absolutismo. Si bien la Constitución de Cádiz había estipulado claramente la división del territorio en provincias, en el Real Decreto de 15 de junio de 1814 se suprimieron las diputaciones provinciales, hecho que comportó la vuelta a la vieja planta administrativa con los capitanes generales y los intendentes como máximas autoridades provinciales.

Reinstaurado el Régimen Constitucional, con el Decreto de Cortes del 7 de marzo de 1820 reaparecieron las diputaciones. En mayo de 1820 se abrió un periodo de casi dos años durante el cual la Diputación Provincial de Cataluña pudo actuar sobre el conjunto del Principado. Pero el hecho más trascendental para el futuro de las diputaciones fue la discusión y posterior aprobación por las Cortes en enero de 1822 del proyecto de organización territorial de España en 52 provincias, cuatro de las cuales correspondían al Principado. En consecuencia, la Diputación se adecuaba a la nueva realidad provincial y se situaba en una posición jerárquicamente superior a la de los ayuntamientos. En 1833 el Ministro de Fomento Javier de Burgos estableció una reorganización territorial que mantenía las cuatro provincias del Principado, aunque con variación de sus límites, variación que se acabaría consolidando hasta la actualidad. La primera Diputación de Lleida empezó a funcionar provisionalmente el 5 de mayo de 1822. Se instaló en unos locales del Palacio Sanaüja (actual sede de la Paería), y tuvo como secretario general a Buenaventura Carles Aribau. Esta Diputación sólo duró dieciséis meses y no volvió a funcionar hasta el triunfo del nuevo régimen liberal, en 1836. A pesar de la fragilidad de aquella primera Diputación quedaron ya delimitadas claramente sus secciones fundamentales: Administración Local, Beneficencia, Fomento, Instrucción Pública y posteriormente la organización de las milicias que, teóricamente, tenían que defender el régimen liberal.

Con la muerte de Fernando VII en 1833 se inició un periodo de cambio político y de agitación social en España, que acabaría en un conflicto bélico por la sucesión de la Corona y provocaría el desmantelamiento de las antiguas instituciónes de la monarquía absoluta. A consecuencia de las Guerras Carlistas y con el objetivo fundamental de obtener recursos para la guerra en el año 1835 se volvieron a instaurar las diputaciones. Durante todo el siglo XIX, la inestabilidad política de España —las guerras carlistas, los periodos revolucionarios, los relevos de gobierno entre absolutistas, moderados y liberales— propiciaron los correspondientes cambios políticos en la Diputación, no obstante lo cual las actuaciones de la Instución no se paralizaron. La Diputación de Lleida dio un empuje importante a la agricultura y la ganadería, la industria, la minería y las obras públicas. También impulsó especialmente el desarrollo de la red de caminos y carreteras provinciales y la construcción de ferrocarriles para la provincia, a la vez que promovió mejoras urbanísticas en las poblaciones de la demarcación y se hizo cargo de la instrucción pública, la beneficencia y la sanidad provinciales.

Esta inestabilidad política se pone de manifiesto claramente en el largo peregrinaje de la Corporación provincial por diferentes sedes. En el año 1822 se instaló en el palacio de la Paeria. En 1836 ocupó de nuevo la Paeria y posteriormente se trasladó al ex-convento de la Mercè. En 1838 se alojó en el segundo piso de la Casa Meca y en el año 1843 en el antiguo convento de Sant Francesc. También durante algún tiempo sus oficinas se instalaron en lo que había sido el Teatro Principal, situado al final de la actual calle Cavallers. No fue hasta 1898 cuando se contruyó una seda definitiva para la Diputación de Lleida en terrenos del antiguo hospicio, su ubicación actual.


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